Muchas de las parejas que se separan aún se aman. Se separan simplemente porque la pareja, o al menos uno de sus miembros, no posee una definición del verbo amar que concuerde con lo que el corazón humano entiende por amar: el esfuerzo sincero y constante de ayudar al ser amado a ser feliz, de ayudarlo a evolucionar en todas las áreas de su vida y de evitarle, en cuanto sea posible, todo sufrimiento. En cuanto las cosas se ponen duras saboteamos la relación a través de la infidelidad, de los celos excesivos, de la indiferencia, porque según nuestra programación acerca del amor toda persona que dice que nos ama nos abandonará tarde o temprano, así que preferimos herirla, abandonarla o rechazarla antes de que ella lo haga.
Consecuentemente, hoy en día intimidamos a nuestra pareja, o nos dejamos intimidar pensando que esto significa amar, y debido al miedo que se genera nos negamos el privilegio de pedir a nuestra pareja lo que necesitamos de ella: diálogo, sensibilidad física y emocional, ternura, recreación familiar, solidaridad.
Cuando entregamos nuestro amor, temporalmente se desvanecen las paredes que mucho tiempo atrás habíamos erigido alrededor de nuestro corazón para evitar que nos lastimaran. Es entonces cuando quedamos emocionalmente desnudos y vulnerables y las heridas de antaño que nunca habían sanado por completo, quedan al descubierto. En ese momento dos cosas pueden suceder: nuestro ser amado nos puede ayudar a sanar esas heridas de una vez por todas, o al ignorar que están ahí, las puede agravar una vez más obligándonos a levantar nuevamente las paredes mencionadas que no sólo nos protegen sino que impiden la salida de nuestro amor, aislándonos emocionalmente y vetándonos toda posibilidad de establecer una relación de pareja que goce de una comunicación profunda, que sea honesta.
Lo que en verdad está sucediendo es que la furia y el dolor acumulados y reprimidos por muchos años están saliendo a la superficie. Si queremos impedir que nuestra pareja haga explotar esas minas de dolor que llevamos dentro y nos hiera sin saber que lo está haciendo, si deseamos mantener una comunicación abierta, honesta y auténtica, y si queremos evitar que la persona que amamos nos obligue una vez más a vetar de nuestro corazón toda experiencia amorosa, debemos como primera medida, identificar todos aquellos eventos y circunstancias que lastimaron nuestros sentimientos. Posteriormente, debemos narrar y describir a nuestra pareja los detalles de esas circunstancias y eventos dolorosos, de tal manera que nos ayude a sanar esas heridas a través de su amor incondicional, de sus caricias, de su compasión, de su paciencia, para que evite herirnos nuevamente de formas similares y en caso de que lo haga, sepa lidiar con nuestro dolor y nuestra furia de una manera madura y llena de entendimiento. Esto lo podemos hacer escribiéndole o diciéndole algo.
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